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VECTORES DE LA TRANSFORMACIÓN

Jun 8, 2023

La Renovación Neo se ubica a la vanguardia de la política argentina. En Misiones ha comenzado una nueva etapa en donde se destaca la inconmensurable fuerza de la juventud, el impulso de nuevas ideas y la consolidación de una atmósfera de buenas energías que neutraliza los efectos de la grieta y transforma a la provincia en un verdadero santuario natural que es admirado por el resto del país.

(*) Por Nicolás Marchiori

El sociólogo francés François Dubet, en su obra “La época de las pasiones tristes”, analiza las sociedades actuales y da cuenta de cómo el sentimiento de frustración y hartazgo desalienta a la ciudadanía a luchar por una sociedad mejor. Ante este alarmante panorama en donde reina el desánimo y la desesperanza, la ciudadanía necesita entenderse como una apropiación de la realidad para actuar y participar en ella.

Es imposible pensar en una vida cotidiana sin participación, o una vida social sin expresión. Gozar de una ciudadanía plena significa poder ejercer el derecho a participar. Una sociedad democrática se sostiene en una sociedad participativa.

En la obra “Education for democratic citizenship”, las politólogas norteamericanas Roberta Sigel y Marilyn Hoskin sostienen que “la participación es toda acción que busca afectar positivamente la calidad de la vida pública en una sociedad democrática que defiende los derechos humanos. Es la influencia que ejerce una persona o un grupo de personas en la comunidad. Se trata de una actividad política y social visible”.

Esta participación requiere que la persona se vea a sí misma como actor social y sienta que puede ser un miembro activo de la comunidad. Es decir, lo opuesto a la indiferencia y el aislamiento. Supone una identificación con lo público expresada en acciones cotidianas, en las que la persona se compromete constructivamente con una causa que afecta y preocupa a la comunidad e interviene junto con otros en la búsqueda de soluciones.

Participar, entonces, es actuar con la idea de generar transformaciones por el bien común y defensa de la sociedad. La búsqueda de nuevas respuestas y de una realidad mejor es lo que motiva a la persona a participar. Sólo la participación en beneficio de la comunidad y de sus intereses garantiza un verdadero compromiso democrático.

El brillante Zygmunt Bauman daba cuenta de que, en las sociedades líquidas contemporáneas, los jóvenes ya no se conforman con asumir el rol de ciudadanos representados, no aceptan solo votar, “quieren una participación activa en la política, con objetivos propios y fórmulas diferentes”.
Poco antes de su muerte, en la conferencia “Educar en la Modernidad Líquida” realizada en la Universidad Europea de Madrid, el sociólogo polaco destacó la importancia de creer en el cambio, para los jóvenes, a los que animó a luchar: “son la primera generación que no cree que su nivel de vida será mejor que el de sus padres, la primera desde la Segunda Guerra Mundial que está a la defensiva y no a la ofensiva. No puede haber una revolución sin ese impulso, y para ello hay que creer en la posibilidad de cambio. Para luchar contra la crisis, hay que buscar vías alternativas de acción colectiva. El siglo XXI va a tener que responder a la pregunta de cómo reconciliar el poder, la capacidad de hacer las cosas, y la política, la capacidad de decidir qué debe hacerse”.

Explicando los resultados de un estudio realizado por el think tank español FAD Juventud, su presidente Ignacio Calderón revela que “hasta ahora la juventud decía: ‘a ver qué me va a dar a mí la sociedad’. Veía a la sociedad como un gran bazar al que se le puede pedir cosas. Actualmente, piensan qué pueden hacer para la construcción de una nueva sociedad. En efecto, se produce una anticipación de la participación”.

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