La inflación puede analizarse desde distintos períodos y con diferentes indicadores. El dato general permite conocer cómo evolucionaron los precios, pero no siempre refleja el impacto que sienten los hogares en su vida cotidiana.
En el NEA, esta diferencia resulta especialmente marcada. Entre noviembre de 2023 y julio de 2026, la región acumuló una inflación del 312,3%, la más baja entre las regiones del país. En el mismo período, el índice nacional registró un aumento del 328,8%.
Sin embargo, durante los primeros siete meses de 2026 el escenario fue diferente. El NEA acumuló una inflación del 22,3%, la más alta del país. El promedio nacional, en tanto, alcanzó el 19,3%.
Estos datos muestran que el nivel general de precios no alcanza para explicar por completo la situación de los hogares. La inflación no afecta de la misma manera a todos los bienes y servicios. Tampoco tiene el mismo impacto sobre las familias.
Los gastos que más aumentaron
Al analizar los distintos componentes del índice, aparece una diferencia significativa. En el NEA, los mayores incrementos durante la era Milei se registraron en rubros que tienen un peso importante en los gastos cotidianos.
El caso más destacado fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles. Este componente acumuló una suba del 722,9% entre noviembre de 2023 y julio de 2026.
El aumento fue 2,3 veces superior al registrado por el nivel general de precios de la región. Se trata, además, de gastos que los hogares tienen pocas posibilidades de evitar o postergar.
Una familia puede reducir la compra de ropa, demorar la renovación de un electrodoméstico o limitar las salidas. En cambio, no puede dejar de pagar el alquiler, la electricidad, el agua o el gas.
El aumento del rubro también se destacó en comparación con otras regiones. En el total del país, Vivienda y servicios públicos acumularon una suba del 617,7%. En el GBA fue del 565%, en la región Pampeana del 636,2%, en el NOA del 713,8%, en Cuyo del 636,2% y en la Patagonia del 729,9%.
Aunque la Patagonia registró el mayor incremento absoluto, el NEA presentó la mayor diferencia entre este rubro y su inflación general.
Qué gastos se encarecieron y cuáles perdieron peso
La comparación entre cada división y el nivel general permite observar la evolución de los llamados precios relativos.
Durante la era Milei, en el NEA se encarecieron relativamente Vivienda y servicios públicos, Salud, Transporte, Comunicación, Educación, Restaurantes y hoteles, y Bienes y servicios varios.
Entre los rubros que aumentaron por debajo del nivel general aparecen Alimentos y bebidas, Bebidas alcohólicas y tabaco, Prendas de vestir y calzado, Equipamiento y mantenimiento del hogar, y Recreación y cultura.
Esta diferencia resulta importante para analizar el presupuesto familiar. Entre los gastos que más aumentaron se encuentran el alquiler, las tarifas, la garrafa de gas, los medicamentos, el transporte, el combustible y los servicios de telefonía e internet.
Por el contrario, algunos de los rubros que perdieron peso relativo permiten mayor margen de decisión. Una familia puede comprar menos ropa, postergar la compra de un electrodoméstico o reducir las actividades recreativas.
El caso de los alimentos merece una consideración particular. Aunque su evolución por debajo del nivel general representa un alivio relativo, se trata de un gasto que ningún hogar puede eliminar por completo.
El gasto fijo creció mucho más que la inflación
Esta diferencia llevó a construir un Índice de Gastos Fijos, que reúne componentes vinculados con compromisos difíciles de postergar para los hogares.
El resultado muestra una brecha importante. Mientras la inflación general del NEA aumentó 312,3% entre noviembre de 2023 y julio de 2026, el gasto fijo de los hogares subió 464,3%.
La diferencia alcanza los 152 puntos porcentuales. Se trata de la mayor brecha entre ambas mediciones entre las distintas regiones del país.
En términos relativos, el gasto fijo del NEA creció 48,7% más que la inflación general. Para el total nacional, la diferencia fue del 27,1%.
El dato permite observar que una inflación general más baja no necesariamente implica una menor presión sobre el presupuesto familiar.
Un ejemplo sobre el poder adquisitivo
Para comprender mejor esta diferencia, puede tomarse un ejemplo hipotético.
Si en noviembre de 2023 un trabajador ganaba $1 millón y en julio de 2026 pasó a cobrar $4.122.621, su salario habría acompañado la inflación general acumulada de la región. En términos técnicos, no habría perdido poder adquisitivo frente al IPC.
Sin embargo, al comparar esa misma evolución salarial con el índice de gastos fijos, el resultado cambia. El trabajador habría perdido un 26,9% de capacidad de compra frente al conjunto de gastos considerados ineludibles.
Esto significa que una mayor proporción de sus ingresos debería destinarse a cubrir compromisos básicos. Como consecuencia, disminuiría el dinero disponible para otros consumos.
La situación durante 2026
El escenario se volvió todavía más complejo durante los primeros siete meses de 2026.
El nivel general de precios del NEA aumentó 22,3% entre diciembre de 2025 y julio de 2026. En el mismo período, Vivienda y servicios públicos registró una suba del 51,7%.
Este incremento fue el más alto del país y quedó muy por encima de la inflación general regional.
Los alimentos también ejercieron presión sobre los presupuestos. En los primeros siete meses del año, el rubro aumentó 23,2%, un punto porcentual por encima del nivel general del NEA.
El Índice de Gastos Fijos volvió a mostrar una diferencia considerable. Durante este período aumentó 38,9%, frente al 22,3% de la inflación general. Además, fue el crecimiento más alto entre las regiones del país.
Con una suba salarial equivalente a la inflación regional acumulada, un trabajador habría perdido aproximadamente 12% de capacidad para afrontar los gastos fijos del hogar.
Una inflación que no impacta igual
Los datos muestran que el promedio estadístico no siempre refleja la experiencia económica de cada familia.
Una menor inflación relativa en determinados bienes puede estar vinculada con una menor capacidad de consumo. En ese escenario, los hogares reducen compras, postergan decisiones o reemplazan productos.
Al mismo tiempo, los aumentos de tarifas, vivienda, transporte y otros servicios básicos absorben una parte cada vez mayor de los ingresos.
Para una región como el NEA, esta situación adquiere una relevancia particular. La evolución de los precios convive con diferencias en el poder adquisitivo y con estructuras comerciales distintas a las de las regiones más concentradas del país.
Por eso, analizar solamente el IPC general puede resultar insuficiente. Una inflación regional más baja no significa necesariamente una menor presión sobre los hogares.
En muchos casos, el dinero que una familia deja de gastar en bienes postergables no queda disponible para mejorar su calidad de vida. Termina destinado a cubrir aquellos gastos que no puede evitar.
Fuente: Economis
