La alerta inicial fue dada por un pescador que realizaba sus tareas durante la madrugada y avistó el cadáver flotando a la deriva. De inmediato, efectivos de la Armada de Brasil y del Cuerpo de Bomberos montaron un operativo cerrojo de búsqueda y rescate que se concentró en el sector que va desde el barrio Jardim Jupira hasta las inmediaciones de la mencionada isla. Una vez que lograron localizar el cuerpo, los militares brasileños se encargaron de arrastrarlo hacia la orilla, permitiendo que el personal de bomberos asegurara la escena a la espera de los peritos de la Policía Científica.
Fuentes vinculadas a la investigación preliminar señalaron que la víctima es un hombre cuya edad oscilaría entre los 40 y 50 años. No obstante, debido al avanzado estado de descomposición en el que se encontraban los restos humanos, resultó completamente imposible establecer la identidad del fallecido en el lugar del procedimiento. El dato más alarmante surgió durante las primeras revisiones oculares de los peritos, quienes detectaron severas perforaciones en la zona de la cabeza que resultan compatibles con impactos de proyectiles de arma de fuego, una situación que robustece de forma casi determinante la hipótesis de un homicidio calificado.
Los restos fueron trasladados hacia la morgue del Instituto Médico Legal (IML) de Foz do Iguaçu, donde el equipo forense llevará a cabo la autopsia correspondiente para certificar científicamente la causa de muerte y buscar rastros genéticos que ayuden a su identificación. En paralelo, la Policía Civil del estado de Paraná abrió una causa judicial y ya se encuentra recopilando datos, huellas y denuncias por desaparición de personas en las ciudades fronterizas para intentar reconstruir el hecho, identificar a los autores del crimen y determinar bajo qué circunstancias arrojaron el cadáver al cauce del río.
