Cada 3 de julio se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Rubinstein-Taybi, una fecha que busca visibilizar esta enfermedad genética poco frecuente, promover el diagnóstico temprano y generar conciencia sobre la importancia de la inclusión y el acompañamiento integral de quienes conviven con esta condición y sus familias.
El síndrome de Rubinstein-Taybi es un trastorno genético poco común que se presenta desde el nacimiento y afecta el desarrollo físico, cognitivo y neurológico. Se estima que ocurre en aproximadamente uno de cada 100.000 a 125.000 nacimientos y, en la mayoría de los casos, es consecuencia de alteraciones en los genes CREBBP o EP300, responsables de regular el crecimiento y el desarrollo del organismo.
Entre sus características más frecuentes se encuentran los pulgares y dedos gordos de los pies más anchos de lo habitual, baja estatura, rasgos faciales distintivos, retraso en el desarrollo, dificultades en el aprendizaje y distintos grados de discapacidad intelectual. Además, algunas personas pueden presentar problemas cardíacos, renales, visuales o auditivos, por lo que requieren controles médicos periódicos y un abordaje interdisciplinario.
Si bien actualmente no existe una cura para el síndrome, los tratamientos orientados a la estimulación temprana, la rehabilitación, la educación inclusiva y el seguimiento médico permiten mejorar significativamente la calidad de vida y favorecer el desarrollo de las capacidades de cada persona.
En el marco del Día Mundial del Síndrome de Rubinstein-Taybi, especialistas remarcan la importancia de que madres, padres y cuidadores conozcan las características de esta enfermedad genética poco frecuente. Si bien sus manifestaciones pueden variar de una persona a otra, la identificación temprana de los signos permite acceder a estudios específicos y comenzar cuanto antes con el acompañamiento médico y terapéutico.
Ante la presencia de retrasos en el desarrollo, dificultades en el aprendizaje o rasgos físicos compatibles con el síndrome, la consulta con el pediatra y, de ser necesario, con un especialista en genética resulta fundamental para arribar a un diagnóstico preciso.
La detección temprana posibilita planificar un seguimiento integral con distintos profesionales, como pediatras, genetistas, neurólogos, fonoaudiólogos, kinesiólogos y terapistas ocupacionales, favoreciendo el desarrollo de las capacidades del niño y mejorando su calidad de vida.
La jornada busca, además, derribar mitos y promover el acceso a información confiable para que más familias puedan reconocer la importancia de un diagnóstico oportuno y del acompañamiento profesional desde los primeros años de vida.
