Cada 19 de octubre, Misiones conmemora el Día del Guardaparque Provincial en homenaje a Horacio Foerster, quien falleció en 1992 mientras cumplía funciones en el Parque Provincial Moconá. A través de los testimonios de Onecimo Olivera, con 35 años de servicio, y Ricardo Otto Freyer, con 36 años de trayectoria, la fecha invita a reconocer el trabajo de quienes protegen la biodiversidad y preservan el patrimonio natural de la provincia.
Horacio Foerster, una memoria que permanece
El Día del Guardaparque Provincial recuerda a Horacio Foerster, quien murió el 19 de octubre de 1992 en aguas del río Uruguay, durante un episodio de rescate de visitantes en el Parque Provincial Moconá. Su fallecimiento marcó la historia del cuerpo de guardaparques y dejó una huella en el sistema provincial de áreas naturales protegidas.
El homenaje también reconoce a quienes sostienen diariamente las tareas de conservación, protección de la flora y fauna nativas y cuidado de los ecosistemas misioneros.
Para Onecimo Olivera, actual coordinador de la Zona Sur del Ministerio de Ecología, el recuerdo tiene un significado especial. Fue compañero de Foerster y compartió con él una instancia de relevo en Moconá, poco antes de su fallecimiento.
Olivera recuerda que había cumplido una guardia de 30 días junto a otro compañero cuando Foerster llegó para reemplazarlos. Su testimonio recupera una historia que no solo forma parte de la memoria institucional, sino también de los vínculos construidos entre quienes comparten las exigencias del trabajo en el territorio.
Onecimo Olivera: 35 años de vocación y aprendizaje
Olivera acumula 35 años de servicio en el Ministerio de Ecología. Su recorrido comenzó en el Parque Provincial Urugua-í, desde donde también se trasladaba a Moconá y a otras áreas protegidas de Misiones.
Cuando recuerda por qué eligió esta profesión, resume su motivación en dos palabras: “Por vocación”.
Ingresó en una época en la que todavía no existía la formación formal de guardaparque en los términos actuales. Se capacitó como guardaparque baqueano y aprendió en el territorio, junto a trabajadores que sentaron las bases del sistema provincial de conservación.
Durante más de tres décadas, fue testigo de la ampliación de las áreas protegidas y de los cambios en las herramientas de trabajo. “En ese entonces teníamos dos o tres parques y había que ir sumando”, recuerda.
La incorporación de computadoras, GPS e imágenes satelitales transformó las tareas de monitoreo, planificación y control. Sin embargo, considera que la capacitación debe ser permanente para responder a los nuevos desafíos de la conservación.
“Todo el tiempo tiene que estar aprendiendo. Es todo un desafío, la verdad”, señala.
Su experiencia refleja que proteger la biodiversidad requiere actualizar conocimientos, compartir herramientas y fortalecer la coordinación entre los equipos que trabajan en las distintas áreas naturales de la provincia.
Ricardo Freyer y el recuerdo de un incendio devastador
Ricardo Otto Freyer lleva 36 años de servicio como guardaparque y también comenzó su trayectoria como guardaparque baqueano. A lo largo de su carrera, atravesó distintas situaciones que marcaron su manera de entender la conservación y la responsabilidad de proteger los recursos naturales.
Entre sus recuerdos más difíciles se encuentra el incendio que afectó al Parque Provincial Cruce Caballero, en San Pedro, durante agosto de 1999.
Según su relato, el fuego se produjo luego de una intensa helada, seguida por aproximadamente 30 días de sequía, fuertes vientos del norte y altas temperaturas. En ese contexto, tres cazadores furtivos habrían provocado el incendio que avanzó sobre el área protegida.
“Fue una tragedia”, recuerda Freyer al describir la magnitud del fuego y el peligro que enfrentaron quienes intentaban contenerlo. Las llamas alcanzaron árboles nativos de gran porte, incluidas las araucarias, que ardían como antorchas.
El guardaparque señala que estuvieron cerca de perder la vida durante aquella emergencia. La intensidad del incendio superó las posibilidades de control y dejó consecuencias ambientales que todavía recuerda.
Según su testimonio, la investigación permitió identificar y detener a los responsables. Sin embargo, el daño sobre el ecosistema demandó muchos años de recuperación.
“El monte recién ahora se está reponiendo o recomponiendo de semejante quemazón”, expresa.
La experiencia reforzó su convicción sobre la importancia de prevenir los incendios y evitar acciones que pongan en riesgo la biodiversidad. Para Freyer, la recuperación de los ambientes naturales requiere tiempo y demuestra tanto la fragilidad de los ecosistemas como su capacidad de regeneración.
La conservación es una responsabilidad colectiva
Freyer sostiene que el cuidado del ambiente no puede quedar exclusivamente en manos de los guardaparques. La ciudadanía también cumple un papel fundamental en la protección del suelo, el agua, la vegetación y la fauna.
Turistas, productores, visitantes y habitantes de Misiones pueden contribuir mediante decisiones responsables y el respeto por las áreas naturales protegidas.
En ese sentido, destaca la importancia de la educación ambiental y de los medios de comunicación para generar conciencia sobre la conservación. La difusión de información permite acercar estos temas a la comunidad y fortalecer el compromiso con el patrimonio natural.
Su reflexión parte de una idea central: las personas forman parte del ambiente y dependen de su equilibrio. Por eso, cuidar la selva y sus recursos también significa proteger las condiciones de vida de las generaciones presentes y futuras.
El trabajo en equipo y el reconocimiento de la comunidad
Para Olivera, una de las mayores satisfacciones de la profesión es saber que la comunidad valora la tarea de los guardaparques.
También destaca que la conservación depende de un equipo amplio, integrado por guardaparques, personal administrativo y otros trabajadores que contribuyen al funcionamiento del sistema provincial.
El acompañamiento de los compañeros y el reconocimiento social representan un estímulo para continuar con una labor que exige compromiso permanente, aprendizaje y adaptación a las condiciones del territorio.
En el marco de la conmemoración, Olivera alienta tanto a quienes llevan décadas de servicio como a las nuevas generaciones que se incorporan a la profesión.
“Que sigamos trabajando fuertemente para que las nuevas generaciones sigan cuidando y valorando lo que tenemos y lo poco que nos queda”, expresa.
Su mensaje pone el foco en la continuidad del trabajo colectivo y en la necesidad de transmitir conocimientos y conciencia ambiental a quienes tendrán la responsabilidad de proteger las áreas naturales en el futuro.
Una historia que continúa en las nuevas generaciones
Las trayectorias de Olivera y Freyer muestran que la labor de los guardaparques combina vocación, experiencia en el territorio y una responsabilidad que trasciende las tareas cotidianas. Sus testimonios también permiten comprender las dificultades que enfrentan quienes trabajan para preservar los ambientes naturales de Misiones.
En este 19 de octubre, el recuerdo de Horacio Foerster se une a las historias de quienes continúan trabajando por la conservación. La fecha invita a reconocer a los guardaparques provinciales y a reflexionar sobre la importancia de fortalecer las áreas protegidas y promover la participación de toda la sociedad.
Preservar la selva misionera implica proteger una riqueza natural que pertenece a la comunidad y garantizar que las próximas generaciones puedan conocerla, valorarla y cuidarla.
