Cada 23 de septiembre se conmemora en Argentina el Día de las Bibliotecas Populares, una fecha que reconoce el trabajo de estas instituciones como espacios de acceso a los libros, la lectura, la cultura y la participación comunitaria.
La elección del día está vinculada con un hecho fundamental de la historia cultural y educativa del país: el 23 de septiembre de 1870 fue promulgada la Ley N.º 419, una norma impulsada durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento que estableció un sistema de apoyo estatal para las bibliotecas populares.
El origen de las bibliotecas populares
La iniciativa comenzó a tomar forma antes de la sanción de la Ley 419. En 1866, en la provincia de San Juan, se creó la primera biblioteca popular argentina por iniciativa de Sarmiento y con la participación de integrantes de la comunidad que contribuyeron a formar su colección.
El proyecto buscaba ampliar el acceso a los libros y promover la lectura más allá de los ámbitos educativos formales. Para Sarmiento, las bibliotecas constituían una herramienta vinculada con la educación y la difusión del conocimiento.
La propuesta también tuvo como referencia experiencias desarrolladas en Estados Unidos, entre ellas los clubes de lectores asociados a Benjamin Franklin y la creación de bibliotecas en distintas comunidades.
La Ley 419 y el nacimiento de la Comisión Protectora
El 21 de septiembre de 1870, el Congreso sancionó la Ley 419 y dos días después, el 23 de septiembre, el Poder Ejecutivo la promulgó. La norma estableció que las bibliotecas populares creadas por asociaciones de particulares podían recibir asistencia económica del Tesoro Nacional.
La ley también dispuso la creación de una Comisión Protectora de las Bibliotecas Populares, encargada de fomentar e inspeccionar estas instituciones y administrar los fondos destinados a su desarrollo.
Uno de los mecanismos establecidos consistía en que el Estado aportara una suma equivalente a la que cada asociación reuniera para la compra de libros. De esta manera, se buscaba estimular la participación de las propias comunidades en la creación y sostenimiento de sus bibliotecas.
Esta estructura dio origen a la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares, antecedente de la actual Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP).
Por qué el 23 de septiembre es su día
La fecha quedó asociada al momento en que la Ley 419 fue promulgada y se puso en marcha una política nacional destinada específicamente a fomentar las bibliotecas populares.
Más de un siglo después, en 1990, el Decreto N.º 1.935 estableció oficialmente el 23 de septiembre como Día de las Bibliotecas Populares, en recuerdo de la promulgación de aquella ley de 1870.
Por ese motivo, la celebración no refiere solamente a la existencia de las bibliotecas como espacios físicos, sino al proceso histórico mediante el cual distintas comunidades comenzaron a organizarse para garantizar el acceso a los libros y al conocimiento.
Una tradición que continúa en todo el país
Con el paso de las décadas, las bibliotecas populares se consolidaron como instituciones gestionadas por asociaciones de la sociedad civil y vinculadas con las comunidades donde funcionan.
La Ley 23.351, sancionada en 1986, actualizó el marco legal establecido originalmente por la Ley 419 y definió a las bibliotecas populares como instituciones destinadas a garantizar el acceso a la información, fomentar la lectura, promover la cultura y contribuir a la educación permanente.
Actualmente, las bibliotecas populares desarrollan actividades que exceden el préstamo de libros. Muchas funcionan como espacios para talleres, encuentros culturales, presentaciones, actividades educativas y propuestas destinadas a distintas generaciones.
Una fecha ligada a la educación y la comunidad
El Día de las Bibliotecas Populares permite recuperar el contexto histórico de una iniciativa que comenzó en el siglo XIX y que buscó acercar los libros a comunidades de distintas partes del territorio argentino.
El 23 de septiembre recuerda así la promulgación de la Ley 419 y el comienzo de una política de fomento que dio origen a una red de instituciones que, con diferentes características a lo largo del tiempo, mantienen como eje el acceso a la lectura, la información y la cultura.
